Mi primera vez con una computadora

Imagen de César

Yo soy físico. Mi primer contacto con las computadoras fue durante la carrera, en cuarto curso. En una asignatura teníamos que diseñar un sistema óptico y estudiar sus aberraciones. Esto consistía en escoger la geometría de las lentes, sus índices de refracción, e ir calculando la trayectoria de los rayos de luz que atraviesan el sistema. Sí, he dicho calculando: es el típico problema para resolver por ordenador.

Por aquel entonces no había aulas de informática: eran todo aulas, a secas. El profesor entraba en clase y te escribía en la pizarra, con tiza, unos comandos que tú te apuntabas en el cuaderno, con boli, para luego escribirlos en el ordenador.

Recuerdo el primer día que acudí al Centro de Cálculo a poner en práctica mis recién adquiridos conocimientos como si fuese ayer. Bajé a una hora en la que todo el mundo estaba comiendo, menos yo, por lo visto. Allí había una sala con terminales para que los usuarios hiciésemos nuestras prácticas. Los terminales eran una especie de baúl con pantalla de fósforo verde y un teclado con aspecto de haber sido diseñado por los mismísimos enanos de las minas de Moria. Y allí estaba yo, solo, rodeado de terminales... apagados.

Me acerqué al primero de ellos y lo estudié como los monos de 2001: Odisea del espacio hacían con el monolito. No descubrí ni rastro de botón o interruptor alguno para encender aquel cacharro. Entonces empecé a toquitear el teclado, con aquella precaución aprendida de las aves rapaces que nos enseñaba de pequeños el amigo Félix Rodríguez de la Fuente en sus documentales, intentando insuflar algo de vida en aquel objeto inerte. Sin éxito. Repetí el ritual en algún otro aparato, con el mismo resultado.

Ante la soledad y el fracaso, decidí meterme el rabo entre las piernas y batirme en retirada, en busca de refuerzos.

Ale, ya puedes decirlo: ¡Qué tonto, el César, que no supo ni encender el terminal!

Pues no. ¡EEEEEEERROR!

Este es uno de los errores más extendidos entre la gente que se ha sentado, se sienta o se va a sentar frente a un ordenador, y que, hoy en día, ya somos casi todos; y también entre la que no. Me refiero a pensar que si no sabes hacer algo, por sencillo que sea, es porque eres tonto.

¿Estamos de acuerdo en que el estado natural del ser humano es la ignorancia? Lo normal es ser ignorante. Ignoramos la mayor parte de las cosas. Cuando nacemos, nacemos ignorándolo todo: no sabemos absolutamente nada. Después vamos aprendiendo algunas cosas, y finalmente terminamos adquiriendo algunas ideas ciertamente ridículas. Decimos, por ejemplo, cosas del tipo de que "el alemán es más difícil que el español". Vamos a ver, vamos a ver... ¿El alemán es más difícil o nos parece más difícil? Porque si el alemán fuese difícil y el español fuese fácil, probablemente, lo que ocurriría sería que los tontos hablaríamos español y el alemán estaría reservado para los listos. Pero no, lo que en realidad ocurre es que el español lo hablan los nacidos en España, mientras que el alemán lo hablan los nacidos en Alemania.

 

Aún recuerdo aquella tarde en casa de mi amigo Juan, con su recién comprado Olivetti. Eran los tiempos del MS-DOS. En su pantalla, completamente negra, un prompt burlón nos invitaba a introducir unos comandos que desconocíamos, para que aquello hiciese algo. ¿Y ahora qué? - nos preguntábamos mirándonos el uno al otro. Y no te quedaba más remedio que agarrar el manual y ponerte a estudiar los comandos para hacer funcionar aquel cacharro. Pero no nos sentíamos tontos por no saber, ni nos resultaba extraño. Y sabíamos cual era el remedio: aprender. ¡Y nos poníamos a ello! Era lo natural, y nos parecía lo natural.

Después empezaron a popularizarse los interfaces gráficos de usuario, que se manejaban con el ratón. Entonces ya no te tenías que ir a estudiar y volver cuando hubieses aprendido: podías comenzar a dar vueltecitas por la pantalla con el puntero del ratón, deplegar menús aquí o allá, e ir pinchando cosas hasta conseguir hacer algo. Nos pusieron muy fácil usar el ordenador y, con ello, usarlo mal. Nos pusieron muy fácil que nos olvidásemos de que había que aprender informática. Nos vendieron la idea de que bastaba con ponernos delante del ordenador y su halo tecnológico nos envolvería mágicamente convirtiéndonos en expertos usuarios de computadoras. Y nosotros nos lo creímos.

Como consecuencia de esto, mientras que el hardware del ordenador iba siendo mejor cada día, cada día los usuarios iban siendo peores.

Cuando el usuario se encuentra ante algo nuevo, más o menos extraño, con lo que no está familiarizado, probablemente lo calificará de "difícil" y le producirá rechazo. Es posible, incluso, que se sienta mal por ello o que le hagan sentirse mal por ello. Como consecuencia, es posible que vaya a buscar un hombro en el que llorar sus penas o unas manos amigas que le acaricien el lomo, en lugar de acudir a lo que realmente necesita: un libro (o similar fuente de formación).

Un Sistema Informático tiene tres componentes: hardware, software y personas. Las personas son el elemento frecuentemente olvidado (obviado) de un sistema informático. Son personas quienes crean el sistema, son personas quienes lo mantienen, y son personas quienes lo manejan: esas a las que llamamos usuarios. La calidad del sistema estará siempre limitada por la menor de los elementos que lo componen: nada hará mejor un mal hardware, no hay hardware lo suficientemente bueno que un mal software no pueda arruinar, y no hay sistema que un bendito usuario no sea capaz de destrozar.

Tengo personal predilección por fijarme en este componente de los sistemas informáticos, el más olvidado de ellos. Desde hace ya bastante tiempo, en ámbitos médicos se viene trabajando en concienciar a los profesionales de que trabajan con enfermos y no (únicamente) con enfermedades. De estas cosas los informáticos todavía no nos hemos enterado y somos los primeros en olvidarnos de las personas, ocupándonos únicamente del hardware y del software. ¡Error!

El usuario es una parte crítica de nuestro sistema informático. Si queremos que nuestro sistema informático no se degrade, debemos recordar dos cosas importantísimas: que los usuarios no somos tontos, y que los usuarios necesitamos formación.